La mayoría del personal docente de las aulas universitarias del mundo son mujeres. Sin embargo, la aplastante mayoría de los decanos y rectores son hombres. La Universidad de Oxford se tomó más de 800 años para nombrar una rectora mujer, recién en 2015. La Federación Universitaria Argentina (FUA), principal órgano de representación de los estudiantes universitarios del país de los cuales el 60% son mujeres, tiene una presidenta por primera vez en 98 años. En la Real Academia Española (RAE), en 300 años de existencia han conseguido ser  académicas solo 3 mujeres, muy avanzado el siglo XX: en 1979, 1984 y 1998. Según datos de la UNESCO, las mujeres son sólo el 28% de los investigadores científicos del planeta. Los hombres representan más del 61% del personal investigador que trabaja en I+D en Andalucía, cifra similar a la representación que tienen en el nivel nacional de España. En el globo, el promedio de mujeres en las ciencias no alcanza el 30%.

Marja Sklodowska, más conocida como Marie Curie, fue la primera mujer que recibió un Premio Nobel y la única que obtuvo dos, además en ciencias duras: uno en Física y otro en Química. Fue la primera mujer con una licenciatura en Ciencias de la Sorbona, la primera que se doctoró en Ciencias en Francia, la primera en tener una cátedra en dicho país. En 1903 ella y a su marido, Pierre Curie, recibieron el premio Nobel. Inicialmente, los organizadores le comunicaron a Pierre que él era el único galardonado. Respondió que no lo aceptaría si no se lo otorgaban también a Marie porque a ella se debía la producción del descubrimiento. Una nota de color: por tradición, cada presidente de Francia tiene la prerrogativa de trasladar al Panteón de los Ilustres en París los restos de alguna persona que considere fuente de inspiración para los ciudadanos. En 1995, Françoise Miterrand eligió a Marie Curie. Le dedicó un sentido homenaje, en el que enfatizó que había vivido en una sociedad y en una época que tristemente reconocía las funciones intelectuales y las responsabilidades públicas exclusivamente a los hombres. Aunque en la actualidad existe un proyecto para sumar al menos a dos mujeres más, continúa siendo hasta el momento la única entre las 73 personas que descansan por lo logrado por mérito propio en un panteón construido hace siglos, en 1790, que además reza en su frontispicio que está dedicado a los grandes hombres a los que la patria agradece. Valga recordar también que, a pesar de haber recibido dos premios Nobel, fue rechazada por la Academia Francesa que no solo se opuso a su pedido sino que se negó a admitir mujeres hasta 1979.

Del mismo modo que le sucedió hace más de un siglo a Marie Curie, son muchas las mujeres que hoy realizan importantes aportes a las ciencias y quienes resultan premiados son los directores y jefes de los departamentos y laboratorios que suelen ser, por supuesto, hombres. Entre 1901 y 2016 recibieron el premio Nobel 836 varones y apenas 49 mujeres … y en 2016 NINGUNA mujer recibió el galardón. Únicamente 8 de ellas han sido invitadas a pronunciar un discurso en el banquete Nobel. Una de ellas fue Rosalyn Yalow, quien en 1977 lo recibió en la categoría “Fisiología  o Medicina”. Aprovechó la oportunidad para reivindicar la posición de las mujeres en la sociedad y en la ciencia. Dijo que en el círculo científico las mujeres no estaban suficientemente representadas y que en gran parte ello se debía a la discriminación social y profesional, a la educación que reciben en sus casas y al desánimo de sus familias para que no sigan carreras de investigación científica. Antes de finalizar, abogó por cambiar esos comportamientos para lograr una sociedad más igualitaria. Animó a las mujeres a unirse y a creer en lo que hacen, porque todos los seres humanos deben luchar juntos por un mundo mejor.

La escasa concesión a mujeres de estos premios en general y en las denominadas ciencias duras en particular, nos indica dos cosas: no solo el limitado acceso a la ciencia, sino las grandes dificultades que también enfrentan para obtener reconocimiento y posicionamiento estratégico por sus contribuciones.

Tan importante como visibilizar el problema de la desigualdad de género en la ciencia y la academia, es exponer a niños y niñas del mismo modo a la ciencia y la tecnología, para romper barreras y permitir que cualquier persona, sin importar su género, pueda imaginarse a sí misma en las ciencias y que ninguna fuerza social de la desigualdad impida o limite su posibilidad de lograrlo.

 

http://mujeresconciencia.com/2017/07/28/siete-mujeres-en-un-abecedario-cientifico/

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