Las mujeres trabajan muchísimo en los partidos políticos, pero es un trabajo invisible. América Latina refleja lo que sucede en el resto del mundo en donde solamente 23% de las bancas en los parlamentos están ocupadas por mujeres. En América Latina, es 26%.

Cuando los partidos políticos dicen que no hay mujeres, en realidad no es verdad. Hay muchas mujeres. “Lo que pasa es que los hombres no quieren ceder los espacios de poder”, explica la catedrática argentina Virginia García Beaudoux, ganadora en 2018 de un Napolitan Victory Award, otorgado por The Washington Academy of Political Arts & Sciences (Washington, DC), en la categoría Mujeres Influyentes de la Comunicación Política.

Ella es una de las expertas invitadas de la Escuela de Formación Política para Mujeres Líderes, organizada por IDEA y la Justicia Electoral, con apoyo de la Unión Europea.

–¿Hasta qué punto se pueden realizar cambios en los partidos y en la sociedad si las mujeres no se involucran o prefieren mantenerse al margen?

–Quiero empezar rompiendo un preconcepto que es pensar que las mujeres no participan en política. En América Latina los últimos datos que tenemos indican que el 52% de la militancia de los partidos políticos son mujeres. Pero menos del 15% de los presidentes o secretarios generales de los partidos son mujeres. Eso habla de que no es un problema de las mujeres, sino de que las estructuras partidarias tienen techo de cristal y no permiten el ascenso de las mujeres. Estas hacen todo el trabajo en las organizaciones políticas, pero los que toman las decisiones siguen siendo ellos. Los partidos políticos siguen siendo una especie de clubes de hombres. Quienes toman las decisiones, arman las listas electorales, deciden las candidaturas y todo lo que se va a hacer son básicamente estructuras masculinas.

–Además de formarse y de promover cambios desde dentro de los partidos, ¿qué más se hace para romper con ese esquema?

–Actualmente son muchas las acciones conjuntas que se llevan a cabo. Por una parte, está la formación, el refuerzo de habilidades, porque los hombres llevan mucho más tiempo en el espacio público, han tejido redes y tenido la oportunidad de aprender. Nosotras llevamos mucho menos tiempo. En Paraguay, de hecho, las mujeres votan desde 1961.

Al igual que en la Argentina y en todos los países de la región, el espacio político ha sido un espacio masculino. Las mujeres están desarrollando habilidades de liderazgo, de negociación, de comunicación que son las que te permiten trabajar en política.

Simultáneamente también se está trabajando sobre la idea de que los partidos políticos tienen que transformar sus estructuras internas. Tienen que ser más paritarios y dar a las mujeres el espacio que les corresponde, no que se tienen que ganar. Las mujeres son la mitad de la militancia, deberían ser también la mitad de la dirigencia.

–¿Qué ha notado de las participantes de la Escuela de Formación en la Justicia Electoral?

–Una enorme voluntad de participar y de querer ser parte de la política, y que están cansadas de ser excluidas de los espacios donde se toman decisiones. La mayoría de ellas han trabajado muchísimo sus territorios. Tienen idea y propuestas para ofrecer. Esperemos que este curso les dé el impulso y la posibilidad de ser escuchadas, porque realmente las encontré con mucha energía y voluntad para hacer política. Aunque sabemos que con la voluntad no alcanza. El problema es que tenemos estructuras que tienen que cambiar. Por eso es importante también trabajar con los partidos políticos.

–¿Qué beneficios recoge la sociedad cuando las mujeres o ciertas minorías se incorporan a los órganos de decisión?

–Como dijo Michelle Bachelet, “cuando una mujer entra en la política, cambia la mujer. Cuando varias mujeres lo hacen, cambia la política”. Y, ciertamente, cambian las agendas, empiezan a aparecer cuestiones que no aparecían, no porque las mujeres seamos mejores, más inteligentes ni mucho menos, sino porque la diversidad es buena. Por otra parte, la ciudadanía percibe como más legítimos a los gobiernos que son más diversos. Además, están los beneficios económicos de la igualdad política y económica.

–En Paraguay, al discutirse un proyecto de ley de paridad, curiosamente hubo mujeres que se opusieron. ¿Es normal algo así?

–Lo que es normal es que las leyes muchas veces no salgan en la primera vez que se proponen. Pero es positivo que se haya hablado del tema, que se haya visto que hay muchas personas impulsando la igualdad de derechos humanosy de derecho a la participación política de las mujeres. Va a tener que ser aceptada y aprobada con el espíritu que se planteó. Esto no tiene vuelta atrás, es un proceso histórico, el sentido del cambio ya está marcado y es hacia una sociedad más igualitaria. Si los partidos fueran paritarios en su interior, eso se reflejaría en las listas electorales, en su conducción y los ciudadanos empezarían a ver la igualdad como regla y no la excepción. Se trata de cultura democrática.

–Como experta en comunicación política, ¿qué es lo que ya no funciona en política a la hora de transmitir un mensaje y posicionar a un candidato?

–Los largos discursos y la comunicación que requiere mucha atención por parte de la ciudadanía. Las personas se han acostumbrado al teléfono celular, donde todo es inmediato, todo es instantáneo y si un video, en cualquier red social, dura más de un minuto, no lo terminamos de ver. Lo pasamos y vemos el siguiente. La lógica del discurso político se ha tenido que ir ajustando a la capacidad de comunicar una respuesta en una unidad de tiempo que no supere el minuto y a mantener muy activa la bidireccionalidad. Los ciudadanos esperan no solo que los candidatos les hablen, sino que escuchen y respondan. Hay toda una cultura de lo audiovisual, y eso también se nota en la política.

Ficha técnica

Virginia García Beaudoux es doctora en sicología, especialista en comunicación y sicología política. Además, es profesora en los programas de Comunicación Política de la Universidad Pompeu Fabra y la Universidad Autónoma en Barcelona, de la Universidad Complutense, y en la Universidad de Buenos Aires, e investigadora de Conicet.

Fuente: www.ultimahora.com

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