Virginia García Beaudoux habló sobre los prejuicios que tiene la política.

El clima político de la Argentina, que no es ajeno al del resto del mundo en cierto modo, requiere nuevas estrategias y herramientas para los analistas de opinión pública. Esa es una síntesis de una charla con Virginia García Beaudoux, doctora en Psicología, experta en comunicación política y género, investigadora de Conicet y consultora del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

De paso por Tucumán (invitada por la secretaria de Gobierno, Carolina Vargas Aignasse, para una capacitación sobre liderazgo femenino, llenó el auditorio de uno de los hoteles vecinos al parque 9 de Julio), García Beaudoux, profesora en los programas de comunicación política de la Universidad Pompeu Fabra y la Universidad Autónoma en Barcelona, habló con LA GACETA de este “clima de época”: hizo su lectura de los populismos de cualquier signo, de la representación política de las mujeres y de la vulnerabilidad de los métodos tradicionales de sondeos de opinión pública en la Argentina actual.

-¿Qué la motivó a trabajar la cuestión de género en la comunicación política?

 

-Dentro de mi trabajo de asesoramiento en campañas políticas, las personas que asesorábamos eran únicamente hombres; y de repente empezaron a aparecer las mujeres que también querían asesoramiento para sus campañas, para su actividad, para el ejercicio de sus funciones. Y lo que empecé a ver es que la política tiene obstáculos y desafíos diferentes para las mujeres que para los hombres. No estoy diciendo que para los hombres no haya obstáculos ni desafíos, sino que son de otra índole.

-¿Algunas diferencias?

-Básicamente, en las mujeres, los obstáculos tienen que ver sobre todo con un estereotipo muy fuerte que existe en nuestra sociedad, la creencia de que el liderazgo es masculino. Cuando le pedís a una persona que cierre los ojos y piense rápidamente en una persona liderando, y les preguntaste cuántas personas imaginan a un hombre, todos levantan la mano. Es un prejuicio contra el que las mujeres deben operar que no solo atraviesa la política, sino las universidades, las organizaciones, las corporaciones. Hay una cierta dificultad en asociar los atributos y las posiciones del liderazgo con roles que puedan desempeñar las mujeres. Creo que es el principal obstáculo. Si preguntamos a una persona tres características de lo que consideramos masculino, dirá “fortaleza, asertividad, capacidad para tomar decisiones”. Entre esas respuestas, encontraremos una superposición casi perfecta entre la descripción de lo masculino y la de liderazgo.

-Sin embargo, en el escenario político argentino tenemos hoy figuras femeninas que ejercen un fuerte liderazgo..

-Las que llegan son la excepción y no la regla. Estadísticamente, no es significativa la cantidad de mujeres que llegan a posiciones de poder y de liderazgo. Justamente, cuando llegan se remarca su presencia porque son excepciones. En toda la Argentina hay solo cuatro gobernadoras mujeres, lo que no es representativo de la cantidad de provincias que tenemos. Ni de la cantidad de mujeres que hay en la población. En toda América latina, las mujeres constituyen el 52% de la militancia de los partidos, pero menos del 15% de los presidentes de los partidos son mujeres. Ahora, yo creo que las mujeres que alcanzan el poder son muy diversas, y que, desde mi punto de vista, lo que hay que romper es que hay un modo de liderar femenino y uno masculino. Creo que hay personas con estilos de liderazgo.

-No es más jerárquico en su estilo el varón…

-No, yo hasta discutiría qué es femenino y qué es masculino. Hay una diversidad, y no se puede decir que haya un solo estilo de liderazgo.

-¿Como la evaluaría a la ley de cupo femenino, 30 años después?

– Hoy hablamos de paridad, de un 50%. Fuimos un país muy innovador en ese sentido. En 1991 se implementó en la Argentina, y el resto de los países tomaron el modelo. Al cupo hay que perderle el miedo. Es una herramienta de democratización de los partidos, de las organizaciones. La paridad es un paso más, que se asienta sobre el principio constitucional de que somos todos iguales. Las mujeres somos el 50% de la población, y deberíamos ser el 50% de la representación.

La ley de cupo ha sido muchas veces utilizada como mecanismo de “crecimiento familiar”. ¿ Cómo se hace para destrabar esas trampas?

-Primero hay que destrabarlas entre los hombres, porque creo que el nepotismo es un problema de la política argentina. Si no hubiera paridad, estaría “el hijo de “, “el amigo de..”, el “hermano de…” Me parece que estamos poniendo como telón que es un problema de las mujeres, cuando en realidad es un problema de feudos, que hay que desterrar.

-En el nuevo escenario electoral ha irrumpido una “tercera vía”. ¿Eso le complica la tarea al encuestador?

-Sí, porque cuando hay una porción importante de personas que no se definen partidariamente -indecisos- eso pone en riesgo la predictiblidad que pueda ofrecer el resultado de la encuesta. Ultimamente las encuestas han dado desilusiones. Va a haber que revisar el modo de sondear a la opinión pública. Ahora, el uso del big data y de otras técnica de investigación van a venir a complementar las encuestas para darles más precisión. Lo que ha sucedido es que ha habido cambios en el electorado que son difíciles de medir, hay mucho voto vergonzante, que tiene miedo de decir lo que va a votar por miedo a la sanción de sus pares. Y eso distorsiona los resultados.

-¿Qué aporta el big data al sondeo de comportamiento electoral?

-Con la big data se puede analizar el posicionamiento de las personas a través de ciertas rutinas, de sus consumos. Cruzando grandes cantidades de datos, se puede lograr un perfil determinado.

-Como consultora, usted viaja por toda América latina, ¿cómo analiza el emerger de populismos de distinto signo, y no sólo en este continente?

-Creo que hay momentos, y que los populismos también son una reacción a determinadas políticas. No creo que las cosas sucedan por azar. Creo que cada vez que hay un avance hay un grupo que intenta resistirse. Y que frente a determinadas políticas de gobierno, se presentan ciertas resistencias. Creo que el populismo nos está diciendo algo de la época; que en la medida en que las sociedades van logrando posiciones más progresistas, más liberales, se generan reacciones. Lo que siento, en todos mis trabajos en toda América latina, es que cuanto más avances hay, más reacciones se generan. Y creo que tiene que ver con algo bastante básico de los seres humanos, y es que cuando se ponen en juego nuevos escenarios y nuevos desafíos nos volvemos particularmente conservadores.

FUENTE: www.lagaceta.com.ar

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